oracion del domingo

Todo buen israelita llevaba en su corazón y tenía, visible, a la puerta de su casa la Shemá Israel: “El Señor es tu único Dios; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”… (Dt 6,5). Esa es la afirmación que hace Jesús al contestar a la pregunta que le propone un escriba, añadiendo: “…Y amarás al prójimo como a ti mismo” (Mc 12,30-31)… y esta la vivencia de la primera comunidad cristiana (Heb 7,25).

 

Hijo mío, cuyo nombre pronuncio con cariño,
sé que estás preocupado,
que, en ocasiones, “estás sin descanso hasta por la noche”.
Sé que vives agobiado por esta crisis que está terminando con las personas.
Yo, tu Padre Dios, también estoy preocupado por lo que te pasa,
por todo lo que sucede a mis hijos, en cualquier parte del mundo...
Hijo, pon tu mano sobre tu pecho cansado
y escucha mi voz en el silencio de tu corazón:
“Nada te turbe, / nada te espante,
todo se pasa, / Dios no se muda.
La paciencia / todo lo alcanza;
quien a Dios tiene / nada le falta.
¡Solo Dios basta!”


Hijo mío, “carne de mi carne, hueso de mis huesos”,
perdido en un mundo lleno de oscuridades,
acosado por el frío dolor de los que se han aprovechado de ti,
triste y sediento del agua de un amor profundo y revitalizador,
confiado en que yo no te abandonaré nunca…
Hijo, pon tu mano sobre tu pecho cansado
y escucha mi voz en el silencio de tu corazón:
“Nada te turbe, / nada te espante,
todo se pasa, / Dios no se muda.
La paciencia / todo lo alcanza;
quien a Dios tiene / nada le falta.
¡Solo Dios basta!”


Hijo mío, “encanto y luz de mis ojos”,
despierta porque aún es posible un nuevo día,
sueña lo mejor porque tus sueños serán realidad,
canta a la mañana porque el sol está en tus manos,
descubre un horizonte insospechado que yo he creado para ti,
disfruta de la vida, sé feliz…, que ese mi mandato…
Hijo, pon tu mano sobre tu pecho cansado
y escucha mi voz en el silencio de tu corazón:
“Nada te turbe, / nada te espante,
todo se pasa, / Dios no se muda.
La paciencia / todo lo alcanza;
quien a Dios tiene / nada le falta.
¡Solo Dios basta!”

 

Isidro Lozano


 

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