oracion del domingo

Sobre el Salmo 22

Tenemos que reconocer que la calidad de la vasija y del árbol se revela en la prueba; la del hombre en sus decisiones (Eclo 27,8). A su vez el trabajo del hombre no es solo fruto de su implicación en el mundo, sino que también es garantía de resurrección (1 Co 15,57). Por eso, el discípulo del Señor sabe que de lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6,45).

Ya sé, Señor, que un ciego no puede guiar a otro,
porque fácilmente se intuye el futuro lamentable de ambos.
Me dices que el discípulo no puede ser más que su maestro,
aunque alguno pueda llegar también a ser maestro.
Ya sé, Señor que de lo que rebosa el corazón habla la boca.
Oye, Señor, el grito de mi corazón hecho palabra:

El Señor es mi Pastor, nada me falta,
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Ya sé, Señor, que no hay árbol sano que dé fruto malo,
ni árbol dañado que dé fruto bueno.
Y observo que no se cosechan higos de las zarzas,
ni se vendimian racimos de los espinos.
Ya sé, Señor que de lo que rebosa el corazón habla la boca.
Oye, Señor, el grito de mi corazón hecho palabra:

Tú, Señor, preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Porque el Señor es mi pastor, nada me falta.
Porque el Señor es mi pastor, camino hacia fuentes tranquilas.
Porque el Señor es mi pastor, nada temo.
Porque el Señor es mi pastor,
romperé todas las máscaras de mi vida.
Porque el Señor es mi pastor, habitaré siempre en tu casa, Señor.

 

Isidro Lozano


 

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