Fiesta de María Auxiliadora

Hay una sabiduría de la vida que consiste en estar allí, en el sitio exacto donde tenemos que estar, haciendo lo que tenemos que hacer. Hasta en los quehaceres más humildes solemos alabar a quien actúa así. Juzgando la trayectoria de algún futbolista famoso, se dice: No es que sea un goleador; es que siempre está allí.

Pues, resulta que "hubo una boda en Caná y la madre de Jesús estaba allí", y "Jesús y sus discípulos estaban también allí". El estar allí de Jesús y María se convirtió en un gesto de humanidad que disipó la niebla que se cernía sobre aquel matrimonio que no había previsto que sus invitados eran buenos "bebedores" o que Jesús se había presentado con un tropel de gente, hambrienta y con ganas de satisfacer su sed.

Dichosos los que en la tarea que les ha correspondido en la vida, se esfuerzan por estar allí y desdichados los especialistas de la evasión, que de todo hay en la vida y en las mejores familias.

¡La necesidad de estar allí! Como en el juego de la lotería, si quieres que te toque, tienes que jugar. Porque Dios pasa, pero para encontrarse con él hay que estar allí... Y no solo cada uno debemos estar ahí, sino que será bueno que invitemos a Jesús y a María para que también estén ahí, en nuestro quehacer, en nuestra vida, en nuestra familia. Porque podemos vivir como quien nunca está y, por lo tanto, en su vida nunca pasada nada.

María, nuestra madre, está siempre ahí, con nosotros, sus hijos, como lo estuvo con Don Bosco. Ese estar con nosotros la convierte en Auxiliadora de los cristianos, en Auxiliadora de la humanidad. De lo que nos estaremos privando por no permitir que María esté en nuestra vida, en nuestras cosas.

Juan Bosco, haciendo el resumen de su historia, decía cosas como estas: "Nuestro origen se debe a una catequesis comenzada con un Avemaría". "Ella lo ha hecho todo". "María ha sido siempre mi guía". Es más, no realizó en su vida ninguna cosa importante, sin antes poner todos sus planes bajo la protección de la Auxiliadora, porque sabía que María estaba allí. Era tal su certeza en este campo que, a la hora de dejar en su testamento, lo más sagrado a sus hijos, les entregó a María Auxiliadora: "Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros".

Pero para Don Bosco María Auxiliadora era también la madre de los que no tenían madre. La madre de aquellos niños y adolescentes que, abandonados de todos, solo tenían a Don Bosco y a María Auxiliadora. Ellos eran su familia. Por eso la Auxiliadora está llena de ternura, es una madre acogedora, dulce, cariñosa... Si alguna vez has pensado que María Auxiliadora no obedecía a este perfil estás equivocado. No te extrañe que Don Bosco no faltara nunca al propósito de narrar cada día un hecho, una gracia, un milagro de la Virgen María. Los tenía a montones.

Conviene que ella esté a nuestro lado, que la dejemos hablar, que la permitamos decir: "No tienen vino" y "Haced lo que él os diga"... Para él una simple sugerencia de su madre se convierte en un mandato. Madre Auxiliadora, llena la vida de esta familia del agua de la esperanza para que Jesús la convierta en vino de alegría y de futuro. La fiesta puede seguir como en aquella boda a la que habían sido invitados María, Jesús y su gente... Aquella fiesta, como esta fiesta de María Auxiliadora, a la que todos estamos invitados.

Cuentan que vamos aprendiendo a estar allí, donde hay que estar, para que todo esto pueda suceder este año, como los años anteriores, como todas las fiestas de María Auxiliadora.

Isidro Lozano