la hora de la Palabra

Lecturas: Génesis 15,5-12.17-18; Filipenses 3,17-4,1 y Lucas 9,28b-36

Lo que pasa

Un semáforo que tarda minutos en abrirse cuando tengo prisa. La multa que ha llegado a casa porque sobrepasé no sé qué velocidad. La imposibilidad de aparcamiento. La profe del niño que dice que no hay quien lo aguante. El trabajo que cada día está más difícil. Aquel amigo que se ha ido, dejándome empantanado. La niña del segundo que me dijo que éramos una familia de trogloditas. La vecina que me ha cortado un traje o dos...

¿Qué tiene que ver Dios con todo esto? Ese Dios que se manifiesta en la cima del monte transfigurando el rostro y la apariencia de Jesús, ¿qué tiene que ver con toda esa vida al pie del monte?

Lo que nos pasa

Dios se esconde porque se nos caen los ojos de sueño por el ajetreo de la vida. Nos adormece el ruido; nos adormecen las preocupaciones del trabajo, de los negocios, del vivir día a día; nos adormece el deseo incontrolado de divertirnos, de pasarlo bien...

Y sin embargo Dios se preocupa hasta del más despreocupado de nosotros y nos espabila en medio del ruido de la vida. Nos espabila el ejemplo de generosidad de una persona amiga; nos espabila la profunda alegría de una persona que sufre; nos espabila la grandiosidad de ese cielo lleno de estrellas (Abrahán); nos espabila la muerte de un ser querido... Una chispa de ese resplandor de la cima del monte brilla en nuestro corazón, y abrimos los ojos a la realidad de Dios.

¡Qué bien se está aquí!

Tenemos la experiencia de ese qué bien se está aquí cuando llegamos al contacto con Dios. Es fácil y hermoso estar con él en su templo, pero esas tiendas de campaña que quiere hacer Pedro, esos templos que hemos hecho nosotros pueden convertirse en una jaula de oro para tener allí a Dios y venir a verle cuando queremos... Pero Dios se hizo hombre para habitar en las casas de los hombres, no para que lo encerráramos en 'su casa'. Dios vive en nuestras calles y plazas, se sienta en un sillón de tu despacho, o está apoyado en la barra del bar, o se mete en mi casa. Tenemos que convivir con Dios.

Y no somos nosotros, sino es él quien nos dice: Sabes lo que te digo, qué hermoso es estar aquí con vosotros, ¿me admites en tu casa? Reconociendo que admitirlo en casa condiciona nuestra vida: no podremos cerrar nuestras puertas a los pobres y necesitados, sus amigos; va a exigirnos mucha limpieza de alma y cuerpo; nuestros libros de cuentas van a estar al alcance de sus ojos; va a ser testigo de nuestra vida de familia...

Y, sin embargo, donde Dios quiere vivir es con nosotros, en nuestras casas.

Isidro Lozano

 


 

 

Oracion de mi parroquia

Concédenos, señor, tu paz y tu alegría

Propuesta.-

En este tiempo de Cuaresma, reflexionando sobre la Palabra de Dios, descubrimos nuestro mundo, a los hombres y mujeres que lo habitan y descubrimos también sus limitaciones. Decimos todos: "Concédenos, Señor, tu paz y tu alegría".

1. Para que el Señor nos ayude a limpiar nuestra mirada y a educar nuestros ojos de manera que sean capaces de transfigurar la realidad y ver el sentido eterno que la habita. Oremos.

2. Para que el Señor sostenga nuestra fe, nos haga dignos de este don y no nos deje caer en la desorientación o el sinsentido de la vida. Oremos.

3. Por todos los hombres y mujeres que buscan y no encuentran la orientación de sus vidas; para que Dios les salga al encuentro y, entregándose a él, alcancen la felicidad a la que están destinados. Oremos.

4. Para que seamos testigos del Dios de la esperanza; para que ofrezcamos a nuestros hermanos en todo momento ilusión y alegría para seguir viviendo. Oremos.

5. Por todos los que nos hemos reunido en la parroquia para celebrar esta Eucaristía, por nuestras familias...; para que nuestras casas sean lugares en que Dios habita, en los que es posible el encuentro con el Señor. Oremos.

 

Oración.-

Dios, Padre nuestro, que en Jesús, tu Hijo predilecto, has querido salir al encuentro de la humanidad para mostrarle el Camino, la Verdad y la Vida. Ayúdanos a acoger su propuesta. Y concédenos que, con la fuerza que nos da la fe, podamos transfigurar y mirar de un modo nuevo la realidad diaria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Ciclo C - Domingo II Cuaresma

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