la hora de la Palabra

Lecturas: Miqueas 5,1-4a; Hebreos 10,5-10 y Lucas 1,39-45

A modo de parábola

Así decía el comunicado: Estad preparados, porque se nos ha hecho saber que Dios va a visitar este castillo. Preparaos para recibirlo. Las autoridades del castillo mandaron llamar al centinela y le encomendaron que, cuanto percibiera alguna señal, avisase.

Pasó el tiempo y todos fueron olvidando el mensaje. Solo el centinela se mantenía despierto, esperando bajo el sol y la lluvia. A veces, cansado de mirar, se preguntaba si todo aquello no habría sido un engaño. Pero la esperanza superaba todas las dudas.

Pasaron los años y el centinela se hizo viejo. Un día sintió que apenas podía moverse y, viendo próxima su muerte, exclamó: "Toda la vida esperando la visita de Dios y tendré que morir sin haberlo visto". Entonces oyó una voz a su lado: ¿Es que no me conoces? Lleno de alegría dijo: ¡Ya estás aquí! ¿Por dónde has venido que no te he visto? "Siempre he estado cerca de ti desde el día en que decidiste esperarme. Siempre he estado aquí, a tu lado, dentro de ti. Solo los que esperan pueden verme".

Y María se puso en camino

Frente a la actitud del centinela que espera en su sitio..., María se puso en camino... Uno de los rasgos más característicos del amor cristiano es saber acudir junto a quien puede estar necesitando nuestra presencia. Ese es el primer gesto de María después de acoger con fe la misión de ser madre del Salvador. Ponerse en camino y marchar aprisa junto a otra mujer que necesita de su cercanía. Hay una manera de amar que debemos recuperar y que consiste en acompañar a vivir a quien se encuentra hundido en la soledad, atrapado por la enfermedad o vacío de alegría y esperanza. Si lo hacemos, escucharemos: "Dichoso tú porque has creído; lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".

Las otras bienaventuranzas

Dichoso tú que has creído que merece la pena vivir la vida en profundidad, sin dejarse arrastrar por las apariencias, que se nos ofrecen profusamente estos días.
Dichosa tú que has creído que hay que estar a la búsqueda de Dios; que no es tiempo perdido el que le dedicamos al Señor.
Dichoso tú que has creído que Dios nos sale al encuentro; que comparte nuestro destino, nuestra vida, nuestras preocupaciones.
Dichosa tú que has creído que el Dios inaccesible, el Dios misterioso..., se nos ha hecho tan cercano y entrañable como un niño; y en él nos podemos sentir hijos de Dios.

Porque un Niño que nace marca el futuro, porque en un Niño que nace se realiza la solidaridad total de Dios con nosotros, porque Dios es, ante todo y sobre todo familia, pueblo, parroquia.

Isidro Lozano

 


 

 

Oracion de mi parroquia

Dichosa tú, María, porque has creído

Propuesta.-

Cuando nos acercamos ya a la fiesta del nacimiento de aquel que viene a mostrar la bondad y misericordia de Dios a todos los seres humanos, animados por el ejemplo de María, oramos a Dios Padre, diciendo: "Dichosa tú, María, porque ha creído".

1. "Dichosa tú, María, porque has creído y has amado".
Para que el Papa, los obispos, nuestros sacerdotes y todos los creyentes..., vivan con fe la espera del nacimiento de Jesús. Oremos.

2. "Dichosa tú, María, porque has mantenido la esperanza".
Para que los gobernantes de todos los países, busquen el bienestar, la paz y la concordia entre todos los pueblos de la tierra. Oremos.

3. "Dichosa tú, María, porque has confiado en Dios".
Para que las madres que están esperando un hijo puedan vivir este momento tan importante de su vida con la alegría y la confianza que procede del Dios de la vida. Oremos.

4. "Dichosa tú, María, porque has soñado con un mundo nuevo".
Para que todos los que se acercan a estas fiestas marcados por la pobreza y las dificultades económicas encuentren en nosotros personas profundamente solidarias y dispuestas a ayudar. Oremos.

5. "Dichosa tú, María, mujer y madre, fiel a Dios y a la humanidad".
Para que todos nosotros sepamos encontrar en estos días momentos de silencio y de oración, para vivir en profundidad y de verdad el nacimiento de Jesús. Oremos.

Oración.-

Escúchanos, oh Dios, Padre que nos amas, y ven a salvarnos. Que María, la madre de tu Hijo y nuestra madre, avale nuestras súplicas. Por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ciclo C - Domingo IV Adviento

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