la hora de la Palabra

Lecturas: Eclesiástico 27,5-8; 1 Corintios 15,54-58 y Lucas 6,39-45

La sabiduría de los refranes

Más de una vez hemos admirado la sabiduría encerrada en los viejos refranes. Los refranes son sentencias llenas de experiencia popular y humana, de sentido común. Los pueblos han sabido concentrar, en pocas palabras, largas y probadas vivencias. El Eclesiástico, del cual leemos hoy un pasaje, es una recopilación de sentencias morales,
aptas para el hombre de todos los tiempos.
Y es que la razón es bastante clara; la ciencia es ciega puesto que carece de dirección. Quizás la fe, lejos de desaparecer se haga más necesaria que nunca para guiar a una humanidad necesitada de luz y sentido.
También Jesús acudió a este estilo de la sabiduría popular. Y, en el evangelio de hoy lo vemos muy claro.

Un ciego no debe guiar a otro ciego

Los fariseos, presuntuosos de la Ley, pero poco receptivos a la verdad, no podían, guiar al pueblo de Israel con garantía. Se refería a sus discípulos, a los que más tarde les diría: "El que a vosotros oye, a mí me oye". Y se refería, por supuesto, a nosotros que estamos llamados a ser "luz del mundo". A nadie iluminaremos, si antes, no nos hemos llenado de ese Jesús que nos dice: "El que me sigue, no anda en tinieblas".
Si no lo hacemos así, pronto caeremos en la otra sentencia que también hoy Jesús nos dice: "Veréis la mota en el ojo ajeno y no veréis la viga en el vuestro". Es decir, denunciaremos los defectos de los demás y los nuestros quedarán en penumbra.

Sed santos como vuestro Padre es santo

Pero, por encima de todo, lo que Jesús buscaba en nosotros era la bondad: "Esta es la voluntad de Dios: que seáis santos como el Padre celestial es santo". A eso se dirigió toda la aventura humana de Jesús, por una elemental razón que el mismo Jesús nos aclara con su refrán en el evangelio de hoy: "Porque un árbol malo no puede dar frutos buenos". "Del mismo modo que los sarmientos no pueden dar fruto si no están unidos a la vid, tampoco vosotros, si no permanecéis unidos a mí". Injertarse en Cristo será, por tanto, el secreto y la garantía. "Porque el que es bueno, de la bondad que atesore en su corazón, saca el bien". De la bondad interior brotarán espontáneamente las acciones buenas, hasta las palabras buenas.

Hoy, parodiando un viejo refrán, podríamos decir: "Dime de qué hablas y te diré quién eres". En efecto, ¿de qué habla el hombre de hoy? Un rápido análisis nos llevaría a comprobar que el sexo, el dinero, la consecución del poder o del placer son temas que se repiten y se repiten en nuestra conversación de cada día. ¿Esas son, entonces, las máximas aspiraciones de nuestro corazón? Porque dice Jesús: "De la abundancia del corazón habla la boca". ¿No sería posible que otras "conversaciones" brotaran de nuestro corazón?

Isidro Lozano

 


 

 

Oracion de mi parroquia

Cambia, Señor, nuestro corazón

Propuesta.-


En este domingo previo al comienzo de la Cuaresma, unidos en la misma fe y en la misma esperanza, presentamos nuestras plegarias a Dios, nuestro Padre. Decimos: "Cambia, Señor, nuestro corazón".

1. Por la Iglesia, por el papa y los obispos, por nuestro Obispo N. y por todos los obispos, por los sacerdotes especialmente los de nuestra parroquia, por los religiosos y consagradas, por todo el pueblo cristiano. Oremos.

2. Por las demás iglesias y comunidades cristianas: los protestantes, los ortodoxos, los anglicanos..., por todos los que creen en Jesucristo y tratan de ser files a su mensaje de salvación. Oremos.

3. Por los gobernantes de las naciones, y por todos los que tienen algún poder político, económico y militar: que lo pongan siempre al servicio del pueblo y de los más necesitados. Oremos.

4. Por los países de Hispanoamérica, por el progreso y bienestar de sus ciudadanos, y por su crecimiento en la fe. Por todos los que aquí, entre nosotros, no tienen lo necesario para vivir. Oremos.

5. Por nuestra parroquia, por nuestros seres queridos, por todos los que estamos celebrando esta Eucaristía; para que el Señor ilumine nuestras vidas y nos muestre sus caminos. Oremos.

 

Oración.-


Escucha, Padre, nuestra oración, y cambia nuestros corazones con tu luz y gracia salvadoras. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

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