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CONSAGRACIÓN DEL ALTAR DEL SANTUARIO DE MARÍA AUXILIADORA DE VIGO

El Obispo de la diócesis, D. Luis Quinteiro Fiuza presidió, en Vigo, la consagración del altar del santuario de María Auxiliadora, el día 21 de mayo de 2019, recordando que hace 75 años se había consagrado esta iglesia a la Virgen. Le acompañaron los sacerdotes de la comunidad salesiana, un destacado grupo del clero diocesano y multitud de fieles, congregados para este fin en primer día del triduo de la novena. "El altar que hemos consagrado hoy, representa a Cristo. Miradle a él; todo lo demás carece de importancia", afirmó el titular de la diócesis de Tui-Vigo.

"El 21 de mayo de 1944 se consagraba esta iglesia dedicada a María Auxiliadora; hoy, 75 años después, consagramos el altar de nuestra parroquia, de nuestro santuario de María Auxiliadora, que por ser de ella, es casa de todos sus hijos e hijas".

Con la procesión, desde el fondo de la Iglesia, de los presbíteros, diáconos y servidores del altar, cerrada y presidida por el Sr. Obispo, D. Luis Quinteiro Fiuza dio comienzo la celebración. El altar desnudo, en penumbra, lejos de lo habitual, no presagiaba lo que iba a ser una liturgia tan viva, intensa y luminosa.

Las lecturas nos trajeron a la memoria la vida de los primeros cristianos que se reunían en las casas para la fracción del pan (Hch 2,42) y nos recordaban que nosotros siendo muchos formamos parte de un mismo cuerpo porque todos participamos del mismo pan (1 Cor 10,17). Y concluían con aquello de que si a la hora de poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, reconcíliate con el hermano y vuelve a presentar tu ofrenda (Mt 5,24).

Guiados por la Palabra de Dios y por la homilía de D. Luis, entramos en el rito de la consagración del altar comenzando con la invocación a los santos de nuestra devoción por medio de una larga letanía salmodiada y acompañada musicalmente.

El paso siguiente consistió en la colocación de las reliquias en el lugar del altar preparado para ello. Las reliquias que llevaban "enterradas" en la parte delantera del ara, desde el 21 de mayo de 1944. Nuevamente fueron colocadas en su lugar y selladas por mano de un "hábil albañil". La larga oración de la dedicación convierte a este altar en "mesa del banquete gozoso que nos llena de alegría", "lugar de comunión y paz", "fuente de unidad y concordia" y "símbolo de Cristo muerto y resucitado"...

Estos precedente dieron lugar al momento de la unción del altar con el crisma que abundantemente se derramó sobre las esquinas y centro del mismo. Un brasero, colocado en el centro del altar, con ascuas salpicadas de incienso y aromas, elevaba al cielo el humo del perfume de los creyentes: "Llena tu casa de suave olor y que la Iglesia aspire el aroma de Cristo", que decía el ritual. Después, varios ministros y diáconos, ayudados por hacendosas mujeres, secaron y limpiaron el ara cubriéndola con un mantel de plástico sobre el que se sobrepusieron los habituales.

Luego distintos grupos de personas colocaron diversos ramos de flores, los cirios y la cruz. El Obispo, con brasas tomas del pebetero del que se ha hablado, incensó el altar y, a continuación, un diácono esparció este buen olor de Cristo sobre toda la asamblea. Que la luz de Cristo ilumine la mesa del altar. A la vez que las velas del altar se encienden, surge la iluminación festiva de todo el presbiterio preparada al efecto.

A partir de aquí la celebración de la Eucaristía discurría por sus habituales derroteros: presentación del pan y el vino realizado por una familia, la consagración, el padrenuestro, el gesto de la paz y la comunión salpicados de cantos oportunos y seleccionados.

Un acta de lo realizado, firmada por el Sr. Obispo, el párroco, el vicario de la comunidad salesiana y distintos representantes de los fieles y de los grupos de la Familia Salesiana dejaron sus firmas como testigos cualificados del acto. Una copia irá al archivo de la diócesis y otra permanecerá en el de la parroquia de María Auxiliadora.

El acto finalizó con un capítulo de obsequios a nuestro querido obispo, de parte de la parroquia y de parte de los grupos de la Familia Salesiana, que don Luis, un poco emocionado, aceptó con cariño y agradecimiento. Sus palabras cerraron el acto recordando lo que los salesianos han sido y son para la ciudad y diócesis de Tui-Vigo. "Mirad al altar que preside la Iglesia y que hemos consagrado. Representa a Cristo. Miradle a él; todo lo demás es accesorio, carece de importancia".

Una larga ceremonia, pero viva y llena de sentido y de recuerdos. "He recodado a mi marido. En esta iglesia nos casamos, aquí bautizamos a nuestros hijos y aquí, ante este altar, nos despedimos de él hace ya unos cuantos años. Siempre que veo el altar me acuerdo de alguien con quien compartí la vida, la alegría, la fe y el amor a Cristo... No miento si digo que he llorado de emoción". Palabras y sentimientos semejantes discurrirán por toda la asamblea.

Isidro Lozano L.

 

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