Lectio divina 7 / Marzo, 2020

DOMINGO I DE CUARESMA - A

(Mateo 4,1-11)

 

1. A la escucha de la Palabra

1 Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2 Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» 4 Pero él contestó: «Está escrito: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». 5 Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece en las piedras». 7 Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios». 8 De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, 9 y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 10 Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.»
11 Entonces el diablo lo dejó, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

La Cuaresma es un momento óptimo para ser alcanzado por la Palabra y para que la Palabra hecha carne, que es Cristo, pueda habitar en tu corazón, necesitas una escucha atenta y un silencio profundo. Dios se hace presente en tu silencio.

2. La Palabra se ilumina

Mateo hace comprensibles las tentaciones de Jesús, que son las tentaciones de todos los seres humanos: la tentación del pan (Mt 4,3-4), la tentación del prestigio (Mt 4,5-7) y la tentación del poder (Mt 4,8-11).
Se trata de varias formas de esperanza mesiánica, que en aquel tiempo existían en el pueblo de Israel. El mesías glorioso que, como un nuevo Moisés, daría de comer al pueblo en el desierto: "¡Manda que estas piedras se conviertan en pan!" El mesías desconocido que de repente se impone a todos por medio de un gesto espectacular en el Templo: "¡Arrójate desde aquí!" El mesías nacionalista que quisiera dominar el mundo: "¡Todo esto te daré!"

En el Antiguo Testamento, tentaciones idénticas hacen caer al pueblo en el desierto, después de la salida de Egipto (Dt 8,3; 6,16; Dt 6,13). Jesús repetirá la historia. Él resiste la tentación de pervertir el plan de Dios para adaptarlo a sus intereses humanos del momento. Tentador es todo lo que nos desvía del 'plan de Dios'. Pedro, en alguna ocasión, fue 'Satanás' para Jesús (Mt 16,23).

También nosotros somos tentados o provocamos las tentaciones. La tentación del pan: ¿Cómo hablar de Dios al que siente hambre? La tentación del prestigio que produce la ciencia, el dinero, la conducta moral irreprensible, el nombre, el figurar, el honor... ¿cómo está presente en mi vida? La tentación del poder: ¿Cómo uso el poder que me toca en la familia, en la comunidad, en la sociedad?
El demonio usa la Biblia para tentar a Jesús. ¡Jesús usa la misma Biblia para vencer la tentación! ¿Cómo y con qué fin uso yo la Palabra de Dios?

3. La Palabra salva nuestras vidas

 La tentación fue constante en la vida de Jesús.
Esta le acompañó desde el principio hasta el fin, desde el bautismo hasta la muerte en la cruz. Porque en la medida con la que el anuncio de la Buena Nueva del Reino se extendía en medio del pueblo, crecía la presión sobre Jesús para adaptarse a las perspectivas mesiánicas del pueblo y ser el mesías que los otros deseaban y querían: "mesías glorioso y nacionalista", "mesías rey", "mesías sumo sacerdote", "mesías juez", "mesías guerrillero", "mesías doctor de la ley"... La carta a los Hebreos dice: "El fue probado en todo a semejanza de nosotros, menos en el pecado" (Heb 4,15).

 Pero la tentación jamás consiguió desviar a Jesús de su misión.
Él continuaba firme en el camino del "Mesías Siervo" anunciado por el profeta Isaías y esperado sobre todo por los pobres del pueblo. Al respecto, Jesús no tuvo miedo en provocar conflictos, ni con las autoridades, ni con las personas más queridas. Todos los que tentaban desviarlo del camino recibían respuestas exigentes y reacciones inesperadas: A sus padres: "¿no sabíais que yo debo ocuparme de las cosas del servicio de mi Padre?" (Lc 2,49); a los apóstoles que le dicen: "¡Todos te buscan!" (Mc 1,37), Jesús les responde: "¡Vayamos a las aldeas y ciudades vecinas, a fin de que predique también allí; porque para esto he venido!" (Mc 1,38); el pueblo, cuando la multiplicación de los panes, fuerza a Jesús para que se proclame "mesías rey", pero Jesús escapó a la montaña para estar en la soledad con su Padre (Jn 6,15).

 Jesús se orientaba por la Palabra de Dios y en ella encontraba la luz y el alimento.
Es sobre todo la profecía del Siervo, anunciada por Isaías (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,3-9; 52,13-53,12) la que lo anima y le da valor para seguir. En el Bautismo y en la Transfiguración, él recibe del Padre la confirmación de su camino, de su misión. La voz del cielo repite las palabras con las que la profecía de Isaías presenta el Siervo de Jahvé al pueblo: "¡Este es mi Hijo amado: escuchadlo!" (Mc 1,11; 9,6).
Jesús afrontaba las tentaciones orientándose por la Palabra de Dios para profundizar en la conciencia de su misión y buscando fuerza en la oración,

4. Rezamos a la luz de la Palabra (Salmo 90: "Tú que habitas al amparo del Altísimo")...
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no solo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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