Lectio divina 6 / Febrero, 2020

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - A

(Mateo 5,1-12a)

1. A la escucha de la Palabra


1 Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; 2 y, él se puso a hablar, enseñándoles:
3 Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12 Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Para ser alcanzado por la Palabra y para que la Palabra hecha carne, que es Cristo, pueda habitar en tu corazón, necesitas una escucha atenta y un silencio profundo. Dios se hace presente, en el silencio, cuando menos lo esperamos.

2. La Palabra se ilumina

Moisés subió al monte Sinaí para recibir la Ley de Dios. Jesús, nuevo Moisés, sube a la montaña y mirando a la gente que le seguía, proclama la Nueva Ley (Mt 5,1). Jesús comienza a enseñar al gentío, discípulos o no, proclamando las bienaventuranzas, las ocho puertas de entrada en el Reino (Mt 5,3-10). ¡No hay otro camino para entrar en el Reino ni en la comunidad!

Los pobres y los perseguidos por la justicia reciben la misma promesa del Reino de Dios. Y la reciben ya, ahora, puesto que Jesús dice que "de ellos es el Reino de los Cielos" (Mt 5,3). El resto de las bienaventuranzas se refiere a una promesa que debe realizarse en el futuro. Se habla de un Reino que exige reconstruir la vida en su totalidad en referencia a los bienes materiales, a las personas y a Dios.

Los sufridos y los que lloran esperan una repartición más justa de los bienes.
Los que tienen hambre y sed de justicia y los misericordiosos sueñan para el futuro la reconstrucción fraterna de la convivencia humana.
Los limpios de corazón y los que trabajan por la paz ansían para el futuro ver a Dios y ser hijos de Dios.
Finalmente, Jesús comunica a los perseguidos una palabra de consuelo.

En tiempo de Mateo este proyecto de reconstrucción de la vida y de la convivencia estaba para ser asumido por las comunidades cristianas, pobres y sin relevancia, y, por lo mismo, perseguidas. La comunidad cristiana, en su situación concreta, era ya una muestra del Reino.

3. La Palabra salva nuestras vidas

 La comunidad que recibe las bienaventuranzas
Mateo se dirige a las comunidades de judíos convertidos, que viven en un contexto de discrepancia con la sinagoga. Hasta este momento, gozaban de una cierta aceptación social. Pero, después de la rotura, la comunidad entró en crisis y en ella empezaron a aparecer diversas tendencias enfrentadas. Algunos, que pertenecían a la línea farisaica, querían mantener el mismo rigor de la observancia de la Ley, a la que estaban acostumbrados antes de su conversión; pero al hacerlo, excluían a los pobres y pequeños. La 'nueva ley' introducida por Jesús pide que sean escuchados todos en la comunidad como hermanos y hermanas. Por esto, al solemne comienzo de la Nueva Ley, presenta ocho bienaventuranzas que definen las categorías de personas que deben ser escuchadas en la comunidad: los pobres, los que lloran, los misericordiosos, los perseguidos...

 Pobres de espíritu
Cada vez que en la historia del Pueblo de Dios se intenta renovar la Alianza, se comienza por restablecer el derecho de los pobres y de los excluidos. Sin esto, no es posible renovar la Alianza. Así hacían los profetas y así hace Jesús. Denuncia el sistema que excluye a los pobres y persigue a los que luchan por la justicia. En nombre de Dios, Jesús anuncia un nuevo proyecto que acoge a los excluidos. La comunidad en torno a Jesús debe ser una muestra donde el futuro Reino comience a plasmarse. Debe caracterizarse con un nuevo tipo de relación con los bienes materiales, con las personas y con el mismo Dios. Debe ser semilla que presente una alternativa de vida que suponga, realmente, una Buena Nueva para los pobres y excluidos.

 Ser felices hoy
El evangelio dice exactamente lo contrario de lo que afirma la sociedad en la que vivimos. En la sociedad el pobre es considerado un infeliz, y es feliz quien posee dinero, puede gastar a su antojo, tiene fama y poder... Los infelices son los pobres, los que lloran... Los medios divulgan el mito de las personas felices y realizadas que se convierten en 'padrón' de vida para muchos de nosotros. Las palabras de Jesús siguen teniendo sentido en nuestra sociedad: "¡Bienaventurados los pobres! ¡Bienaventurados los que lloran!". ¿Quién, de hecho, es feliz para mí?

4. Rezamos a la luz de la Palabra

(Salmo 116: "Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos")...
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no solo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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